
Me puedo aventurar a decir que no hay oficina sin estrés ni estrés que no se haya metido hasta las cejas en una oficina. Y es que la tensión que se puede acumular en un espacio reducido puede llegar a cotas inimaginables, no sólo por su intensidad, sino por cómo puede llegar a salir a flote.
Define el R.A.E. el estrés como la “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”, y es que esa tensión la puede provocar desde una broma mal entendida por un compañero, hasta la agobiante situación de muchos empresarios por la falta de tesorería ante la inminente presentación de los impuestos.
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