
La semana pasada llamé a la Seguridad Social, concretamente al servicio del Sistema Red. QuerÃa saber cuando le iban a devolver el dinero a una empresa para la que le habia presentado el TC1 de octubre y noviembre (de momento) con saldo acreedor, es decir, no tenÃan que pagar sino que les tenÃan que devolver, estábamos a mediados de enero y todavÃa no habian recibido ninguna notificación al respecto.
La señorita, muy amable, me empezó a pedir datos, se los dà y los confirmó. Hasta ahà todo bien. Una vez confirmado que la empresa tenÃa derecho a cobrar pregunté por la fecha, por que mi cliente lo que querÃa saber es cuando podrÃa contar con ese dinero que le hacÃa falta para pagar sus impuestos.
Le recordé que si mi empresa-cliente se hubiera retrasado un dÃa en el pago del TC1 habrÃa tenido de forma automática el recargo correspondiente y una carta del organismo con amenaza de embargo, como acostumbra a realizar. Ella, riéndose, me lo confirmó y hasta me dijo que asà era la ley, que ella no la habÃa escrito.
Yo, por mi parte, querÃa saber cómo era posible que en plena era de la informática, en la que si te retrasas un dÃa en el pago de algo saltan todas las alarmas en los organismos recaudadores y se encienden todas las luces en tu contra no pasa lo mismo para confirmar si una empresa-trabajador tiene derecho a lo que tiene derecho, que por qué se tarda tanto en ello.
Ella, continuando con su amabilidad, me comentó que los datos van a Madrid, que allà se comprueban, se repasan, se verifican y van de un departamento a otro, para posteriormente remitir la información al usuario, a lo que yo le comenté que me parecÃa bien, pero que esos datos no los llevaban ni en la mano ni por mensajero, sino que se hacÃa de forma automática, que para eso estaban los ordenadores, que controlan y verifican si algo está bien o mal, que no lo hacen los humanos, que yo querÃa saber cuando le devolverÃan el dinero a mi empresa, que ella era muy amable pero que no me respondÃa.
Llegados a este punto y supongo que por que ya no sabÃa qué decir me soltó: “el gobierno tiene muchas cosas que pagar y es normal que se retrase”.
Ante dicha afirmación no pude más que darle la razón, esgrimir una sonrisa de complicidad, darle las gracias por su tiempo y colgar el teléfono.
Mientras tanto, la empresa sigue esperando el dinero que legalmente le corresponde.
Antonio Guerrero
« La oficina peligrosa (videos) | La opción “enviar a un amigo”, ilegal »




