El Blog del Contable – El Blog de Antonio Guerrero

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La semana pasada llamé a la Seguridad Social, concretamente al servicio del Sistema Red. Quería saber cuando le iban a devolver el dinero a una empresa para la que le habia presentado el TC1 de octubre y noviembre (de momento) con saldo acreedor, es decir, no tenían que pagar sino que les tenían que devolver, estábamos a mediados de enero y todavía no habian recibido ninguna notificación al respecto.

La señorita, muy amable, me empezó a pedir datos, se los dí y los confirmó. Hasta ahí todo bien. Una vez confirmado que la empresa tenía derecho a cobrar pregunté por la fecha, por que mi cliente lo que quería saber es cuando podría contar con ese dinero que le hacía falta para pagar sus impuestos.

Le recordé que si mi empresa-cliente se hubiera retrasado un día en el pago del TC1 habría tenido de forma automática el recargo correspondiente y una carta del organismo con amenaza de embargo, como acostumbra a realizar. Ella, riéndose, me lo confirmó y hasta me dijo que así era la ley, que ella no la había escrito.

Yo, por mi parte, quería saber cómo era posible que en plena era de la informática, en la que si te retrasas un día en el pago de algo saltan todas las alarmas en los organismos recaudadores y se encienden todas las luces en tu contra no pasa lo mismo para confirmar si una empresa-trabajador tiene derecho a lo que tiene derecho, que por qué se tarda tanto en ello.

Ella, continuando con su amabilidad, me comentó que los datos van a Madrid, que allí se comprueban, se repasan, se verifican y van de un departamento a otro, para posteriormente remitir la información al usuario, a lo que yo le comenté que me parecía bien, pero que esos datos no los llevaban ni en la mano ni por mensajero, sino que se hacía de forma automática, que para eso estaban los ordenadores, que controlan y verifican si algo está bien o mal, que no lo hacen los humanos, que yo quería saber cuando le devolverían el dinero a mi empresa, que ella era muy amable pero que no me respondía.

Llegados a este punto y supongo que por que ya no sabía qué decir me soltó: “el gobierno tiene muchas cosas que pagar y es normal que se retrase”.

Ante dicha afirmación no pude más que darle la razón, esgrimir una sonrisa de complicidad, darle las gracias por su tiempo y colgar el teléfono.

Mientras tanto, la empresa sigue esperando el dinero que legalmente le corresponde.

Antonio Guerrero

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