
Al parecer hoy estoy en Londres. Y mi amigo Javier, mi amiga Cristina y mi amiga Susana. También están Gregorio, JoaquÃn, José Luis, Angel y José Manuel. Y, por supuesto, usted también, aunque no se lo crea. Parece ser que estamos todos allÃ. Y usted se preguntará, ante este comienzo, que qué he podido beber esta mañana para afirmar tal cosa, ya que está leyendo este blog tan tranquilo en el ordenador de su oficina o casa, pero he de decir que de alcohol nada (no me gusta), por que soy de los que piso una chapa de cerveza y ya estoy pintón, ni tampoco se preocupe por mi estado mental, ya que, de momento, no me da por perseguir mi sombra. Lo digo por lo de la reunión del G20.
Hoy sabemos que el paro en España rebasa ya la cifra de los tres millones seiscientas mil personas, una cifra que deberÃa escandalizar y sonrojar a más de uno sabiendo, además, que en los próximos meses la mitad de los nuevos parados en le UE serán españoles. ¿Se va a trabajar en Londres para intentar solucionar este problema que afecta a todo el mundo pero que, en nuestro caso, tiene unos tintes dramáticos por su cuantÃa y proporciones? Si no es asÃ, en esa cumbre se habrá gastado mucho dinero y tiempo pero para nada.
Es evidente que los lideres mundiales, por sà solos, no pueden aportar soluciones, por que las desconocen, al no estar, la mayorÃa de ellos, preparados para tal menester; necesitan equipos multidisciplinares que les saquen las castañas del fuego, de un fuego que amenaza con quemarnos a todos. Y yo me pregunto, esos equipos, ¿existen de verdad? Se supone, dirÃa yo, que cada paÃs allà reunido tendrÃa que llevar a una pléyade de asesores que, reunidos todos ellos en amor y compañÃa, se partieran la cabeza para aportar soluciones. Y que no salieran de allà hasta entonces.
Me temo que no será asÃ. Están allà para reformar el sistema financiero mundial. Algo que suena muy bien pero que pocos saben en qué les afectará. Lo ignoran, dirÃa yo. De momento los allà reunidos tan sólo están preocupados por hacerse la foto con fulanito, que les vean con menganito y en recortarles el sueldo a los banqueros. Y yo me pregunto, ¿y para eso se han ido hasta allÃ? ¿Para ponerse de acuerdo en cuánto le van a recortar los salarios a esos sufridos trabajadores que juegan con el dinero ajeno a sabiendas de que, hagan lo que hagan, ellos no van a salir perdiendo? (Qué curioso, esta misma pregunta también me recuerda, precisamente, a ellos mismos. A los polÃticos, me refiero.)
Tengamos esperanza en que se enciendan las luces de algún lumbrera, ya que si esa reforma lleva aparejado o tiene como consecuencia que esos más de tres millones de personas vean un atisbo de luz en los próximos meses, bienvenida sea la visita que estamos haciendo a Londres.
Hasta la próxima.
Antonio Guerrero
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