Hoy he estado en Hacienda (como muchos, pensará). Iba con la intención de solicitar el CIF para una sociedad que está en constitución (vaya valor que muestran sus socios con la que está cayendo, pienso ahora) con el fin de que pudieran empezar los trámites de una web que quieren contratar.
Después de esperar un tiempo prudencial en la sala de espera, llega mi turno.
En mi portafolios llevo los documentos de identidad de los socios, la escritura que acabo de retirar de la notarÃa y el modelo 036 que he rellenado previamente en la oficina virtual. Me acerco a la señorita, le saludo y le indico para qué estoy allÃ, expandiendo los documentos encima de su mesa. Ni me mira. Revisa los papeles y me dice que me falta las hojas X e Y (no pongo los números por que no los recuerdo), a lo que yo le indico que la oficina virtual, a través de su opción “validar”, me ha dado por buenos los documentos que habÃa rellenado y que eran los que estaba leyendo. Con lo dicho, ahora sà levanta la cabeza para mirarme y me dice:
 - Mire usted, yo no sé lo que habrá hecho en la oficina virtual o donde sea, pero quien le tiene que validar los documentos soy yo y si no tiene las hojas X e Y no le hago nada.
- Pero verá… que…
- Ya se lo he dicho y se lo repito, no hay nada que hacer.
- Pues vale. Entonces, ¿por qué me ha validado la oficina virtual los datos introducidos?
- Que no… el siguiente…
Posteriormente quedo con uno de los socios y le indico lo sucedido. Está en el banco por que quiere hacer una transferencia a la empresa que le va a crear la web. Habla con un empleado que, a su vez, está hablando con un compañero sobre las caracterÃsticas de la transferencia. Le pregunta el importe y el socio se lo dice. El empleado que está al teléfono ha debido de recibir otra pregunta y nos la repite:
- Que me preguntan que para qué quiere la transferencia… Que si es la cuenta de una sociedad, debe indicarse para qué se saca el dinero y hasta que no tengamos la escritura del Registro, pues que…
Después de lo anterior y una vez escuchada la conversación entre sonrisas, no me queda más remedio que saltar.
- Oiga, efectivamente, es el dinero de una sociedad, pero creemos que no le tenemos que dar explicaciones a nadie sobre a dónde va o viene ese dinero. Como si nos lo queremos gastar en mariscadas…, luego será Hacienda o los otros socios quienes nos pidan explicaciones…
Y añado:
- Entonces, mientras que la escritura no salga del Registro, ¿la empresa no puede gastar o comprar nada? ¿Y como paga la provisión necesaria para la constitución?
En este momento, el socio, que no quiere pelearse tan temprano con el banco, me indica que lo deje y no prosiga, que va a hablar con un amigo que tiene dentro del banco para saber qué está pasando…
Yo me callo, comentamos algo lo sucedido y me vuelvo para el despacho.
Hoy no ha sido un buen dÃa para salir.
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Antonio Guerrero
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