La profesión contable es tan antigua como la vida misma, desde el momento en que el ser humano necesitó saber si obtenía algún beneficio de la actividad que ejercía, de lo que vendía. Y es por ese motivo por el que su función empieza a ser impresincible para la buena marcha de la empresa, ya que el empresario necesitaba saber lo que debía, a quien, a cuánto podía vender para obtener beneficios o quién le debía a él.
Hoy en día, la profesión del contable está tergiversada, infravalorada y, por muchos, menospreciada.
Hay empresarios que todavía piensan que cualquier persona que haga un cursillo de tres meses (en el cual conoce las bases de un programa de contabilidad) ya está preparado para llevar la contabilidad de una empresa.
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